Uno de los argumentos favoritos, de todos los que oponen una granítica incredulidad a los debates sobre la existencia de las maldiciones, son aquellos que tratan de explicarlas aduciendo que, hacen parte de una bien orquestada manipulación religiosa, en la búsqueda de atraer a los feligreses para llenar nuevamente los templos vacíos.
MALDICIONES EN MI CASA
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