¿ERRORES EN LA BIBLIA?

¿ERRORES EN LA BIBLIA?

¿ERRORES EN LA BIBLIA?

ACLARACIÓN PERTINENTE

No se trata de estigmatizar o demeritar el contenido de la Palabra de Dios. ¡NO! ¡El eterno tenga misericordia de nosotros!

Por el contrario, estamos convencidos que su Palabra es la verdad, contiene la verdad y es a través de esa verdad, que la humanidad ha enriquecido su conocimiento y se ha enamorado del Señor.

Pero los hombres, continuamente nos equivocamos y caemos en el error. En ocasiones con tanta persistencia, que nos asombramos de la facilidad con que lo hacemos. Es de sabios reconocer los errores y corregirlos a tiempo, que persistir en ellos a sabiendas de las fallas.

Para este estudio he tomado como referencia los siguientes libros:

1.-LA SANTA BIBLIA, editada por Broadman & Holman Publishers, antigua versión de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera en 1602 y con revisiones en 1862, 1909 y 1960. Cotejada posteriormente con diversas traducciones y con los textos Hebreo y Griego.

2.-LA SAGRADA BIBLIA, versión crítica sobre los textos originales en Hebreo, Arameo y Griego. Tercera edición. Editada por la Biblioteca de Autores Cristianos de Madrid. Recopilada por Francisco Cantera Burgos y Manuel Iglesias González,

3.-LA VOZ DE LA TORÁH, editada por la Fundación Samuel S. Levy en Paris y traducida al castellano por el Rabino Eli Munk en el año 5760 (2000). Primera edición en dos tomos.

4.-EL NUEVO TESTAMENTO TEXTUAL HEBRAICO o EL CÓDIGO REAL de Editorial Ami de México, traducción  realizada de los manuscritos hebreos y arameos más antiguos a la luz del pensamiento hebraico del primer siglo, en 5765 (2005), a cargo de D. A. Hayyim. Primera Edición.

Al utilizar estos cuatro textos, dejo constancia inequívoca, que lo hago por razones netamente personales, por cuanto son versiones que continuamente consulto, aunque también examiné, la posición de otras biblias a las que tenemos acceso.

Por lo tanto, si en este caso las referencias se hacen sobre estas traducciones, es una circunstancia meramente casual, producto de la tenencia de las mismas y no como una selección pormenorizada, que nos haya obligado a descartar otros libros, indiscutiblemente de inmenso y apreciado valor.

Estoy convencido que todo cuanto atañe a la Palabra de Dios, debe, tiene y amerita una real y tangible perfección. Esto implica no solo la parte atinente a la vida del hombre en la consecución de lo perfecto, sino en todo lo referente a su bendita palabra, transcrita en diversos y múltiples textos. Si encontramos inconsistencias, equivocaciones o errores plasmados en sus páginas debemos detenernos un momento y profundizar sobre las causas de ello.

Sobra manifestar que no es la Palabra de Dios, la que permite esas incongruencias, sino las manos de los hombres, que al imprimir los textos, cambian nombres, los hechos, datos, fechas, eventos y que al leerlos, producen reacciones de perplejidad y asombro, naturales, si tenemos en cuenta que nuestro propio espíritu, al ir almacenando y codificando el material leído, se sobresalta inmediatamente y no permite la continuidad de la lectura, pues la nueva información que se está recibiendo, no concuerda con la que se tiene como cierta y veraz, produciendo un rechazo del entendimiento.

Cabe preguntarnos –desapasiona y sinceramente- si  los encargados de revisar y verificar textos que se imprimen, son suficientemente idóneos y confiables, para otorgarles la más bella y sublime responsabilidad para con millones de creyentes en el mundo entero, que esperan que TODO lo que lean en su Biblia, tenga concordancia y similitud en cada uno de sus páginas.

En otros casos, son los autores de los textos bíblicos, quienes en su afán de revelarnos sus argumentos, omiten unas circunstancias específicas que al contrastar con los otros escritos, pareciera que existen divergencias abismales o coincidencias con eventos de otra naturaleza. Este tipo de dificultades tienen solución y una correcta explicación, lo que nos permite adentrarnos en el análisis exhaustivo de los textos sagrados.

Muchos creyentes temerosos de enfrentar esa posibilidad, prefieren soslayar el asunto, poniendo en duda las reflexiones que vamos a entregarles. La duda debe tratarse con prudencia, pero enfrentarla para dilucidar cualquier anomalía.

No podemos seguir evadiendo la verdad inobjetable, de la existencia en nuestra Escritura, de dificultades, contradicciones, objeciones y aparentes errores que fácilmente pueden ser explicados y más aún, cuando afuera, los enemigos del Eterno, están lanza en ristre, para atacarnos con base en ellas.  Y ante los cuales “guardamos silencio, en medio de nuestro enojo por atreverse a cuestionar” la palabra del Señor, pero carecemos de las armas genuinas para confrontarlos.

NO tenemos una explicación congruente, para derrotar de una vez por todas, las posiciones de los incrédulos y críticos de la Biblia, aunque sus “objeciones sean endebles y engañosas”, ignorando que con una respuesta bien sencilla, podríamos enmudecerlos.

¡Ese veneno demanda de manera urgente un antídoto!  

LA VERDAD NO TIENE MOTIVOS  para temer un exámen por riguroso y rígido que sea. Además los adversarios de la Biblia no se quedarán callados jamás. En cada siglo se reproducen los anticristos desde las entrañas del infierno. Muchos de los argumentos que se ofrecen en contra de la fiabilidad de la Biblia, se remontan a Porfirio (232-301 d.C.) y a Celso (Siglo II d. C.).

Recuerde que a pesar de todos los ataques que la Biblia ha recibido, en todos las épocas, NUNCA HA QUEDADO AFECTADA. No importa las argucias que esgriman sus asaltantes. Todos han quedado disueltos en las llamas del fuego eterno, hasta que el Señor Jesús regrese. Sus nombres pasarán al olvido de la historia y el Libro por Excelencia, continuará edificando las vidas de millones de seres humanos. Es la Palabra de Dios. No es un libro cualquiera. ¿Entonces qué tememos?

Espero que las observaciones que se hacen, no se tomen como nimiedades, tratando de restarle importancia a su verdadero valor.

En 1874 JHON W. HALEY, publicó el Diccionario de Dificultades y Aparentes Contradicciones Bíblicas y en 1989 SANTIAGO ESCUAIN, la revisó extensamente en muchos de sus aspectos y hoy es una obra de obligada consulta para quienes nos deleitamos descubriéndolas. En el capítulo uno, página 13 dice: 

“Ningún estudioso sincero e inteligente de las Escrituras, negará que aparecen numerosas discrepancias, esto es, afirmaciones que, tomadas a primera vista, entran infrecuentemente en conflicto entre sí. Este hecho ha sido reconocido, en mayor o menor grado, por grandes eruditos cristianos en todas las edades. Entre los escritores antiguos, Orígenes afirma, que si cualquiera examina cuidadosamente los Evangelios con respecto a su desacuerdo histórico, llegará a marearse, y que, aferrándose a uno de ellos, o bien desistirá del intento de establecerlos a todos como verdaderos, o bien considerará verdaderos los cuatro, pero no en sus formas externas”.

Crisóstomo considera las discrepancias como de verdadero valor y una prueba de la independencia de cada escritor sagrado. 

Agustín recurre frecuentemente en sus escritos, a las discrepancias y trata muchos casos con gran capacidad y propiedad.

Moses Stuart, un  eminente crítico bíblico de mediados del siglo XIX, afirmaba que: “En nuestras actuales copias de las Escrituras, hay algunas discrepancias entre diferentes porciones, y ninguna erudición ni ingenio las pueden reconciliar”.

El Arzobispo Whately aclara: “Es bien notorio hasta el punto de ser innecesario insistir sobre ello, que las aparentes contradicciones de las Escrituras, son numerosas y que la instrucción comunicada por ellas, si ciertamente han sido dadas con este propósito, es abundante”.

El doctor Charles Hodge de forma similar dice: “Se precisaría no de un volumen, sino de varios volúmenes, para considerar todos los casos de pretendidas discrepancias en la Biblia”.

Por lo tanto, es de urgente necesidad, un paciente y sereno examen de todas las “pretendidas falsedades y contradicciones” y guardarnos de las conclusiones de los “espiritualistas de turno”, que incapaces de enfrentar su ignorancia, dicen que son irresolubles. Esta deducción facilista, es utilizada por quienes temen que su falta de conocimiento sea cuestionada. Rompamos con la posición de lo ineptos.

Para terminar quiero narrarles el porqué de este estudio:

En alguna ocasión, cuando mi hijo menor estaba leyendo la Biblia, me confrontó decididamente y mostrándome los textos referentes a la muerte de Judas Iscariote, me exigió que le explicara, cuál era la porción verdadera entre lo que decían Mateo y Pedro.

Mateo 27: 5 dice“Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó”.

Hechos 1: 18 afirma: “Este, pues, con el salario de su iniquidad, adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad y todas sus entrañas se derramaron”. Ninguna de las dos explicaciones excluye la otra: Mateo vio el cadáver de Judas colgado. Pedro afirma que vio el cadáver en el suelo con las entrañas por fuera y reventado.

Pero si razonamos correctamente, deducimos que es muy probable que Judas se colgó del árbol sobre el precipicio en el valle de Hinom y al romperse la soga o quebrarse la rama del árbol, se precipitó al fondo y quedó reventado.

Mateo contempló el hecho primero y Pedro posteriormente. En los sucesos narrados, no hay discrepancia alguna, lo que nos permite entender que la situación en los dos textos, solo presenta un clásico espacio de tiempo, entre un avistamiento y otro y una clara verdad.

El profesor Hackett, que visitó el supuesto escenario de este trágico suceso, considera que:

“Mirando hacia el valle existen rocosas terrazas que cuelgan sobre él y hay entre diez y doce metros de altura en posición vertical y árboles que crecen sobre el borde de estos precipicios y abajo un pavimento rocoso en el fondo de estas terrazas”.

¡Mateo nos refiere un aspecto del asunto y Pedro otro, sin que exista contradicción alguna entre los dos!

Como dice Whately: “Los textos aislados de la Escritura pueden ser interpretados de tal manera, si no se comparan entre sí y se explican unos con otros, que se contradigan entre sí, y como estando cada uno de ellos enfrentados a la verdad. Si las Escrituras se estudian así, conducirán al error, no menos que si fueran en realidad falsas. Porque una verdad a medias, con mucha  frecuencia resulta en lo mismo que la falsedad absoluta”.

Algunas soluciones propuestas en estas páginas, son confrontadas con otras para encontrar la verdad. Otras son hipotéticas, aunque en la mayor parte de los casos, la probabilidad llega a una certeza casi absoluta. Y los menos son atribuibles a errores de impresión.

Al ofrecer estas soluciones, ni afirmamos ni pretendemos demostrar que sean las únicas, ni las verdaderas, simplemente afirmamos que se trata de explicaciones razonables para cada caso.

Depende de cada uno de los lectores, asimilar o rechazar nuestras posiciones, pero sugerimos aplicar los principios de la lógica y del sentido común, para contrarrestar y neutralizar las discrepancias que se aducen y permitir que permanezcan incólumes la unidad, la integridad y la Autoridad Divina del Sagrado volumen.

Querido Amigo y hermano: Hoy lo estamos invitando a disfrutar de este delicioso viaje por las páginas de nuestra Biblia, en la seguridad que saldremos fortalecidos con cada respuesta, a los aparentes errores y contradicciones.

En 2ª., de Timoteo 3: 16-17, la Carta sentencia:

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”

CAPÍTULOS DE ERRORES EN LA BIBLIA:

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EL-TESORERO-ROBO-LAS-ARCAS-DEL-TEMPLO

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