Cuando todo el pueblo de Israel retornó del cautiverio y una vez censados y empadronadas todas las familias que regresaron, se ofrendó para las arcas de la obra de restauración y reedificación del templo. Sin embargo al llegar el momento de “las cuentas claras y el chocolate espeso” encontramos lo siguiente:
EL TESORERO ROBÓ LAS ARCAS DEL TEMPLO
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